En sus cuarenta años de historia, el Consejo Latinoamericano de Ciencias Sociales ha desempeñado un papel de gran importancia en el desarrollo de la investigación social y el pensamiento crítico, la defensa de los derechos humanos y la promoción de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe. Agrupando inicialmente a 60 centros de investigación de diversos países de la región, CLACSO no ha dejado de crecer, siendo una de las más activas redes académicas destinadas a promover la cooperación y el intercambio entre instituciones de formación e investigación en el campo de las ciencias sociales.
Un breve recorrido por la historia institucional de CLACSO permite destacar algunas características que marcaron su desarrollo. En tal sentido, cabe subrayar la temprana voluntad de integración regional que ha definido las acciones de este organismo desde su fundación. Identificando problemas e intereses comunes, ha contribuido a la superación de muchas de las barreras de comunicación existentes, promoviendo programas e iniciativas articuladas que han alcanzado gran impacto y relevancia regional. Entre estas acciones se destaca, sin lugar a dudas, el programa temático de Grupos de Trabajo, que desde 1967 convoca a centenas de investigadores mediante la realización de debates y seminarios internacionales y el impulso al desarrollo de investigaciones y estudios colaborativos, así como por medio de una intensa producción editorial que ha nutrido el pensamiento social crítico en todos los países de la región. La ya emblemática colección Biblioteca de Ciencias Sociales fue una de las primeras en brindar un espacio imprescindible para la publicación de libros y la distribución de textos seminales en diversos campos de la teoría y la investigación social, desarrolladas por la intelectualidad latinoamericana y caribeña entre los años sesenta y ochenta.
El establecimiento y posterior desarrollo de CLACSO ha estado marcado por la inestabilidad política que ha vivido la región durante las últimas décadas. Las cruentas dictaduras militares y, en numerosas oportunidades, la fragilidad de los gobiernos democráticos han sido un factor que ha limitado o bloqueado el desarrollo de las ciencias sociales en América Latina y el Caribe, constituyendo un escenario de desequilibrios institucionales e inequidades sociales que ha redoblado el desafío asumido por el Consejo en su defensa de la libertad académica, el pensamiento crítico, la autonomía universitaria y los derechos humanos. Durante los años setenta y ochenta, el Consejo organizó programas académicos cuyo principal objetivo fue salvar la vida de muchos intelectuales latinoamericanos perseguidos por los regímenes dictatoriales, contribuyendo así a garantizar la supervivencia de una producción intelectual autónoma y crítica en nuestro continente.
En el marco de los procesos de transición democrática que vivieron muchos de los países latinoamericanos en la década del ochenta, CLACSO jugó un papel de gran importancia para la reconstrucción de las instituciones académicas públicas, además de promover iniciativas de intercambio y cooperación que colaboraron con la obtención de recursos financieros externos, fundamentales para la institucionalización de las ciencias sociales en toda la región. Aquellos fueron años de gran desarrollo de los Grupos de Trabajo y del Programa de Becas, así como de consolidación de la política editorial llevada a cabo desde la fundación del Consejo. Los procesos de transición democrática y, en dicho contexto, la reconstrucción de las instituciones de investigación y docencia en el campo de las ciencias sociales consolidaron la presencia regional de CLACSO, ampliando significativamente su campo de actuación.
La década del noventa, en un escenario marcado por la proliferación de gobiernos neoliberales y conservadores en todo el continente, actualizó y redefinió los desafíos institucionales del Consejo. Durante estos años, atravesados por una brutal ofensiva privatizadora, CLACSO dio continuidad a sus programas académicos, convirtiéndose, al mismo tiempo, en precursor del uso pleno y creativo de las nuevas tecnologías de información y comunicación, a fin de promover y estimular la democratización del acceso al conocimiento producido por la investigación social latinoamericana y caribeña. En esta nueva etapa, el Consejo avanzó de un modo significativo en la construcción de una red telemática para vincular a más de 5 mil investigadores pertenecientes a los centros afiliados y puso en marcha una Biblioteca Virtual con acceso libre y gratuito a un amplio acervo de textos académicos completos.
El inicio del nuevo milenio marcó la consagración de CLACSO como una fuente vital de intercambio, apoyo y promoción de la investigación, la docencia y la provisión de recursos académicos en toda la región. Tal impresionante crecimiento y la incidencia político institucional del Consejo han sido posibles gracias al inestimable aporte de la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI), organismo que, en la última década, ha apoyado intensamente el plan de trabajo desarrollado. En los últimos años, la multiplicación de los Grupos de Trabajo y sus actividades; el incremento de los subsidios otorgados por el Programa Regional de Becas; la expansión del Campus Virtual, la Red Académica Electrónica y la Biblioteca Virtual; la gran cantidad de publicaciones editadas; la consolidación de iniciativas tales como el Observatorio Social de América Latina y el Programa de Producción Audiovisual; y el establecimiento de instancias de cooperación con organizaciones internacionales de otros continentes, como es el caso de los programas Sur-Sur y CLACSO-CROP, son algunas evidencias del exponencial crecimiento que ha experimentado el Consejo en este período.
Hoy, la continuidad y ampliación de su red institucional y de los programas tradicionalmente impulsados por el Consejo; la paulatina penetración de CLACSO más allá de las principales áreas metropolitanas y, particularmente, en algunos de los países más pobres de la región; el consecuente fortalecimiento de las ciencias sociales en las naciones que cuentan con una frágil estructura académica y limitadas condiciones materiales para su institucionalización; el desarrollo de estrategias sinérgicas que potencian la cooperación y las alianzas regionales; la profesionalización de las tareas administrativas y de gestión ejecutadas por la Secretaría Ejecutiva; la implementación de estrategias de trabajo cooperativo y la generación de modalidades participativas de planificación y gestión de los programas llevados a cabo, así como la ampliación de las fuentes de financiamiento, son algunos de los desafíos ineludibles que se divisan en el horizonte de una red académica que se ha fortalecido y ha multiplicado sus campos de intervención, agrupando a las instituciones más prestigiosas y reconocidas de las ciencias sociales contemporáneas.